Las clases de Chi kung de Alberto fueron, y son, un respiro, un placer durante toda esta pandemia. Ojalá pronto puedan ser presenciales, porque lo mejor, son los encuentros. Cuando hacemos meditación o Chi kung en el parque, en la playa. Momentos de conexión, de compartir, de risas. Son inolvidables.
Gracias Alberto por hacerlo posible.

 

 

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